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Rifa 2016

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Radio Online

La importancia de un oportuno llamado a bomberos

Imagínese la siguiente situación. Usted está disfrutando en su hogar un ameno almuerzo en compañía de su familia cuando de pronto escucha el chirrido que produce la frenada de un automóvil, que pasaba por la calle. Más aún, el estrepitoso ruido tiene un abrupto final, acompañado de un golpe en seco. Es casi evidente que se trata de un accidente del tránsito y la reacción común de sus vecinos –incluida la suya- será la de averiguar que ha sucedido.

Ya en la esquina, observa a un grupo de personas se ha reunido en torno a los vehículos que han colisionado. Algunos sacan conclusiones preliminares, adjudicándole la culpa del hecho a uno u otro conductor, mientras que otros miran atónitos y en silencio la situación.

A todo esto, más curiosos se han congregado en la esquina -la misma de la que se vuelve a reclamar que carece de una señalización adecuada- y desde los edificios más gente se ha asomado por los balcones para mirar qué está sucediendo.

Sin embargo transcurridos varios minutos, ninguno de los curiosos -ni siquiera usted- ha tomado el teléfono ni ha marcado el número de un servicio de ambulancias o el de bomberos, los únicos organismos entrenados para atender este tipo de accidentes. Y mientras todos miran, los heridos siguen esperando...

Si bien este es un relato ficticio, no está muy alejado de la realidad. En general, la gente no tiene el hábito de comunicarse lo antes posible con los servicios de urgencia y prefieren mirar que ocurre, confiándose en que "otro ya ha llamado".

Y el mayor inconveniente que esta situación genera lo sufren directamente los involucrados en el accidente, a quienes la demora en la atención requerida puede provocar serios perjuicios a su salud, incluso si no aparentan estar muy heridos. Estudios internacionales –aplicables en todo el mundo- han establecido el concepto de la hora de oro como base para asegurar la sobrevida de una persona tras un accidente automovilístico, o de cualquier otro tipo, y es precisamente esto lo que se busca asegurar con una oportuna llamada a bomberos o el SAMU.

La ayuda que no es tal

En este mismo contexto y guiándose en el espíritu solidario que la mayoría de los seres humanos sienten, muchas personas pretenden ayudar a los lesionados intentando generar la mayor comodidad posible en ellos. Así, mediante improvisadas almohadas (ropas, carteras o mochilas) las colocan entre la cabeza de los heridos y el suelo.

En otros casos, la buena voluntad los lleva a ofrecer sorbos de agua, para quizás, así tranquilizar a los infortunados que están en espera de la ayuda que alguien ya debe haber solicitado.

Lo cierto es que en ambos casos estas asistencias, realizadas con la mayor disposición y ánimo de auxilio, podrían convertirse en acciones absolutamente perjudiciales. El mayor riesgo que los equipos de emergencia buscan prevenir es el empeoramiento las lesiones que pueda presentar las personas y tratar de acomodar a alguien sólo estará propiciando un daño mayor. En el caso de la ingesta de agua, ésta podría ser mal recibida por el organismo, provocando vómitos. Al igual que en los casos de inconsciencia, donde la relajación de los músculos de la lengua puede provocar obstrucción, los fluidos pueden suscitar la asfixia de la persona que no podrá respirar.

Para ser útiles y prestar una ayuda realmente valiosa, la única acción que una persona sin la preparación adecuada deberá realizar es una llamada oportuna al número telefónico 132 de bomberos o al 131, del centro regulador del SAMU. A través de esa comunicación clave, usted activará una red de auxilio que en menos de 5 minutos podrá rescatar a quienes lo requieran y prestar la atención de urgencia debida.

Y recuerde: no toque a los afectados salvo que condiciones extremas, como un incendio o nuevos riesgos, lo ameriten. Présteles apoyo psicológico (anímenlos) a la espera de la llegada de los equipos de emergencia y no se olvide que ante la duda de si fueron requeridos, puede volver a llamar.

 

Fuente: www.primeraconcepcion.cl